Profesor Germán Morales visita memorial de Lídice y recuerda in situ su trágica historia, clave para reflexionar sobre trauma, duelo y memoria
El académico recorrió las instalaciones que rememoran la completa destrucción del pueblo checoslovaco por parte de la Alemania nazi en 1942, oscuro episodio que, a más de ocho décadas, sigue siendo clave para abordar las consecuencias humanas y materiales de los conflictos armados. “Constatar un memorial de esta magnitud, preservado con tanto cuidado y belleza, nos muestra cómo la elaboración social juega un rol central en la reparación de lo traumático”, afirma el director del Diplomado en Trauma y Duelo desde una Perspectiva Subjetiva y Relacional.
La historia de Lídice, pequeño pueblo checoslovaco cercano a Praga destruido por completo por la Alemania nazi en represalia por el asesinato del oficial de la SS Reinhard Heydrich, ha sido parte central del Diplomado en Trauma y Duelo desde una perspectiva subjetiva y relacional. Lo acontecido aquel 10 de junio de 1942 ha permitido a decenas de estudiantes reflexionar sobre el impacto transgeneracional de la guerra y sus innumerables consecuencias familiares, personales y materiales.
Una trágica historia que, después de años abordándola en sus clases, recordó in situ el profesor de Psicología UC y director del diplomado, Germán Morales, durante una visita al Memorial de Lídice, en la actual República Checa.
“Conocer el Memorial de Lídice fue muy conmovedor, tanto por la indignación que produce la barbarie de los nazis contra el pueblo checo que se levantó contra ellos, como por recorrer el monumental parque-memorial donde estuvo el pueblo de Lídice”, cuenta el profesor sobre el espacio de memoria, que contempla un parque memorial, un museo y una galería.
“En el recorrido, donde otrora estuvo Lídice, se puede constatar los lugares simbólicos donde se encontraba la escuela, la iglesia, el cementerio, el río y, en especial, la escultura de homenaje a los 82 niñas y niños asesinados. La escultura es muy impresionante porque son 82 esculturas de tamaño real de esos niños, y porque a su alrededor las personas que los visitan dejan flores, peluches y juguetes”, relata el académico.
Para el profesor, esta experiencia reafirma la importancia de que el Estado tenga un rol protagónico a la hora de impulsar procesos de reparación y memoria en lugares marcados por la muerte y la destrucción.
“Constatar un memorial de esta magnitud, preservado con tanto cuidado y belleza, nos muestra cómo la elaboración social juega un rol central en la reparación de lo traumático, y cómo el Estado, en este caso la República Checa, no sólo no olvida, sino que puede no sólo hacer un homenaje, sino constituirse en un referente y enseñanza de la violencia que no debemos aceptar en donde sea que ocurra producto de la guerra y las violaciones de los Derechos Humanos”, enfatiza.
“Esto nos confirma, además, la necesidad de educación en Derechos Humanos y la necesidad de formación académica para abordar lo traumático, como es la labor que hemos asumido en el Diplomado en Trauma y Duelo”, agrega.
Encuentro con el director del memorial
Gestiones de la Embajada de la República Checa en Chile y de la cónsul Dita Kubíková permitieron al profesor Germán Morales reunirse con el director del Memorial de Lídice, Eduard Stehlík.

Para el académico, se trató de una reunión “muy provechosa” en la que pudo conocer más del funcionamiento del parque memorial y de sus actividades, entre las que se encontraba una exposición de dibujos y pinturas de niños de todo el mundo.
“En la galería hay una muestra audiovisual permanente. El director detalló lo relevante que es que las nuevas generaciones dimensiones, se identifiquen y se apropien de la memoria y la reparación colectiva con estrategias innovadoras”, cuenta el profesor.
A juicio del académico, a más de ocho décadas del trágico episodio, la historia de Lídice continúa siendo clave para reflexionar en torno a la preservación de la memoria colectiva como herramienta de reparación y concientización.
“La historia de Lídice sigue siendo relevante hoy día, tanto por la magnitud de la tragedia y la crueldad de la acción de los nazis, como por la universalidad de la condena, indignación y solidaridad, que permitió validar el valor de la memoria de lo traumático y su perdurabilidad en lo tangible de la gran cantidad de calles, plazas, parques y memoriales de Lídice a lo largo del mundo, y de las personas que llevan orgullosamente el nombre de Lídice como signo de esperanza”, sostiene.