Placer sensorial y dopamina de la sorpresa: por qué coleccionar el álbum del Mundial es tan gratificante para niños y adultos

25 de Junio 2026

Un publicista y una psicóloga experta en educación entregan las claves de este fenómeno. Conectar con otros cara a cara y el sentido de pertenencia a una comunidad también explican el éxito de este pasatiempo analógico en plena era de pantallas y videojuegos.

“Es similar al fenómeno psicológico del scroll, no sabes lo que te va a aparecer y te mantiene todo el rato en alerta. Acá sucede más o menos lo mismo”, dice Gianluigi Pimentel, profesor de la Facultad de Comunicaciones experto en marketing, sobre el éxito comercial que ha generado el álbum del Mundial. “Tienes que ir comprando los sobres, no sabes qué láminas te van a salir, y eso genera dopamina”, agrega.

El fenómeno gatillado por el álbum oficial de la FIFA World Cup 2026, comercializado por Panini, se ha transformado en uno de los pasatiempos más populares entre niños y jóvenes, relegando a las pantallas a un lugar secundario.

Además de la expectación, el académico señala que el secreto del éxito radica en el incentivo a cambiar las láminas repetidas: “Se genera interacción y el fenómeno de la necesidad de pertenencia: se generan comunidades, grupos. Por eso este es un negocio genial”.

Sentido de pertenencia cultural

La profesora de la Escuela de Psicología Valeska Grau destaca también el sentido de pertenencia asociado a esta actividad. “Te permite establecer muchas interacciones, más allá de solo juntar las láminas, como que los papás y los niños se juntan y se generan estas ‘cambiatones’. Entonces se produce una cosa que tiene que ver con el sentido de la pertenencia, que es también una necesidad humana básica”, dice la psicóloga educacional.

Además, resalta el fenómeno cultural de trasfondo: aunque Chile no participe del Mundial de Fútbol, al coleccionar las láminas, pasas a ser parte del evento cultural.

La profesora Grau también reconoce que el aspecto intergeneracional involucrado es algo positivo. “Por mucho que a mí no me guste especialmente el fútbol, marca ciertos eventos vitales, ¿no? Mis hijos me preguntaban por el primer Mundial que yo me acordaba y el primer Mundial del que tengo memoria es España ’82. Después en el ‘98 yo estaba en la universidad, lo transmitieron en la cafetería y, luego, cuando ya era académica, nos juntábamos con los otros profesores a ver algún partido”.

Ha servido como una instancia para que, por ejemplo, los niños conversen con sus abuelos sobre cómo vivieron mundiales pasados, si los vieron o no por televisión. “Creo que ha generado un sentido de pertenencia a una cultura, más allá de lo que está pasando ahora, con las generaciones pasadas”, dice.

Otro aspecto positivo es que, dependiendo de la edad de los niños, también se pueden hablar de otros temas, como la situación política internacional. “Por ejemplo, me sorprende mucho que Irán participe del mundial y participe Estados Unidos, cuando están en una guerra. Entonces te puede servir para hablar con los niños acerca de los conflictos, de lo que está pasando en los países. Es una herramienta que permite relacionarse con el deporte y la cultura y ocuparlo como una forma educativa también”, plantea.

Gratificación sensorial en los niños

En el caso de los niños funciona la dinámica del juego, de interactuar socialmente para intercambiar láminas y, en el caso de los adultos, el álbum del Mundial los conecta con la nostalgia, con la infancia. “Y en marketing funciona todo lo que te conecte con la nostalgia, porque son espacios psicológicos de seguridad y son espacios psicológicos de placer”, explica Pimentel.

En contraposición a lo digital, que es un mundo intangible, efímero y sin control, coleccionar láminas permite conectar físicamente con una pasión. “Coleccionando a tu propio ritmo te permite marcar el tiempo y te conecta tangible, físicamente, con algo que te apasiona y te acerca a poseer, de verdad, eso que te apasiona. Por lo tanto, hay una sensación de orden personal, de logro, de alcanzar metas, y eso da placer”, dice el experto en marketing.

La profesora Grau reconoce este revival de lo analógico: “En este mundo digital, esto nos ha vuelto a conquistar”.

El álbum es un objeto que en cierto grado puede ser apreciado, dice. Y también está involucrado un aspecto sensorial: la sorpresa de abrir cada sobre, de donde puede salir cualquier lámina y pegar los stickers. “A los niños chicos, sobre todo, les encanta pegar stickers. Para ellos hay algo sensorial muy gratificante: la concentración que implica pegar las láminas exactamente en el cuadrado”, dice.

Aprender sobre flexibilidad y autorregulación

Y también se trata de un juego que da cierta flexibilidad respecto de qué valor le otorgo a las láminas y cómo las intercambio con otros, agrega. “Puedes jugar a cambiar las láminas de jugadores más populares, como Messi, por muchas de otros jugadores más desconocidos”, explica.

Sin embargo, más allá de los aspectos positivos involucrados, la especialista reconoce que también hay riesgos. “Obviamente todas estas cosas tienen que ser supervisadas por los padres, para que evitar que los niños hagan compras compulsivas”, dice.

Y sugiere tomarlo como una oportunidad para que los padres puedan ayudar a los hijos a administrar el gasto de dinero: “Además de fomentar que se cambien láminas, recomendaría que exista un monto establecido para gastar en las láminas y ayudarlos a que ellos aprendan a autoregularse”.