Alejandra Cortázar, Premio Hernán Larraín 2025: “Mi principal motor ha sido la inequidad”
Con más de dos décadas dedicadas a la investigación, políticas públicas y fortalecimiento de sistemas de educación inicial en Chile y distintos países del mundo, la psicóloga UC fue destacada con el Premio Hernán Larraín 2025. Distinción que busca reconocer a aquellos exalumnos de la EPUC que demuestran un alto compromiso con lo público y las problemáticas psicosociales relevantes para el país.

Una sólida carrera marcada por el compromiso con la justicia social, la primera infancia y el trabajo colaborativo destacan en la figura de Alejandra Cortázar. La psicóloga UC, Doctora en Educación Inicial y Magíster en Psicología del Desarrollo del Teachers College de la Universidad de Columbia reconocida este 2025 como Premio Padre Hernán Larraín.
Especialista en educación y desarrollo inicial de niños y niñas, con más de 20 años de experiencia en consultoría e investigación, ha desarrollado una destacada carrera profesional, tanto en Chile como en el extranjero, siendo consultora para organizaciones internacionales como UNICEF, OCDE, Rand Europe, Diálogo Interamericano, UNESCO y el Banco Mundial. Fundadora del Centro de Estudios de la Primera Infancia (CEPI), también fue consejera de la Agencia Nacional por la Calidad de la Educación y asesora del Ministerio de Educación de Chile.
Este trabajo, orientado consistentemente en mejorar las oportunidades de desarrollo de niños y niñas en sus primeros años de vida, la ha llevado también a participar en el diseño e implementación de políticas públicas en educación inicial, la evaluación de la calidad de los espacios educativos en educación parvularia, y el desarrollo de herramientas para asegurar calidad desde los primeros años, en diversos países de América Latina y el Caribe, Europa, Asia y Oceanía.
Una trayectoria profesional reconocida por la Escuela de Psicología UC con el Premio que busca destacar a exalumnos/as que demuestran un alto compromiso con lo público y las problemáticas psicosociales relevantes para el país. “Es tan lindo cuando tus propios colegas te reconocen y ven que una está preocupada de hacer un aporte”, confiesa.
Las raíces de su vocación
Desde el colegio que Alejandra Cortázar sentía un fuerte interés por el trabajo comunitario. Y fue en la búsqueda de herramientas más robustas para realizar un trabajo más serio que llegó a la carrera de psicología. “Me pareció que desde ese rol uno podía hacer una contribución concreta en la vida de otras personas”.
El trabajo en equipo, y una red de amistades y colaboración que mantiene hasta el día de hoy, son parte de los regalos que más aprecia de su paso por la EPUC. También la cercanía y humildad de sus maestros y maestras. Un aspecto que considera clave en su proceso de formación. “Tú puedes ser muy experto en tu área, pero si eres arrogante al transmitir ese conocimiento, el mensaje no llegará a tus alumnos de la misma manera”, afirma.
Ese componente humano, además del rigor académico de la Escuela, fueron fundamentales para prepararla a la hora de enfrentar desafíos mayores. Uno de ellos ocurrió tras su egreso, cuando decidió emprender rumbo a Nueva York para realizar su Máster en Psicología del Desarrollo del Teachers College, en Columbia, y luego, en 2007, un Doctorado en Educación, con mención en Políticas Públicas en Educación Inicial. “Llegué a una universidad súper exigente, pero siempre me sentí muy confiada. Siempre sentí que recibí una formación sólida y que estaba bien preparada”.
La primera infancia como eje transformador
Si hay un concepto que atraviesa la historia profesional de Alejandra, es la inequidad. En ese camino, su primer trabajo en el Hogar de Cristo marcó un antes y un después. Allí se enfrentó a las brechas estructurales del país y descubrió el impacto que puede generar una educación inicial de calidad en el desarrollo futuro de niños y niñas.
Los avances en neurociencia y los resultados de programas exitosos en primera infancia terminaron de orientarla hacia este campo. “Para mí siempre ha sido un motor el buscar maneras de contribuir a que haya una menor inequidad. Y cuando empezó a surgir toda esta evidencia fue una motivación a seguir estudiando, porque pensé que era un área en la que podía aportar”.
Desde entonces, ha liderado investigaciones, trabajado en políticas públicas e impulsado programas en distintos países. “Toda la evidencia muestra que el cerebro se desarrolla mucho más rápido en los primeros años. No significa que las posibilidades de aprender después no existan, pero se concentran y son mayores en esta etapa. Y si uno entrega una educación de primera infancia de calidad, uno ayuda a disminuir las inequidades hacia futuro. Además, el llegar mejor preparados a la escuela no solo significa que les vaya mejor en términos académicos, también influye en su autoestima, en su auto percepción, en la relación con los demás. En el fondo, no es solo un tema académico, es un tema global de desarrollo”, afirma.
Para Cortázar, quien se ha transformado en una referente de la educación inicial en América Latina, combinando investigación, evaluación de programas, diseño de instrumentos y políticas, y asesorías internacionales, en Chile uno de los desafíos más importantes en esta materia “tiene que ver con la inequidad en el mismo sistema de educación pública a nivel de financiamiento. También me parece que no se ha logrado una articulación real entre los ministerios que deberían estar trabajando en conjunto, de manera de que no se pierdan esfuerzos”.
Mantener la humildad
Alejandra se define como una persona creativa y colaborativa. “Me encanta resolver problemas, pensar con otros, conversar dos horas para imaginar cómo evaluar un programa”. Una capacidad de escucha y de trabajar con otros que recibió como uno de los principales sellos de la EPUC. “Eso fue algo importante desde el comienzo de la carrera”.
Conocer realidades diversas, flexibilizar, priorizar y comprender que las soluciones deben adaptarse al contexto han sido claves en su madurez profesional. “Al principio uno cree que sabe mucho. Que uno tiene las recetas o las soluciones para la vida de otras personas. Pero con el tiempo uno aprende a ser más humilde. A partir del mirar y el escuchar al otro. Desde ahí empezar a ver en qué uno puede aportar”.
A las nuevas generaciones
En la actualidad Alejandra combina asesorías internacionales con su trabajo en un centro de estudios del Tecnológico de Monterrey, donde espera consolidar un equipo y una agenda de trabajo aún más robusta. “El trabajo internacional me hace muy feliz, junta cosas que me encantan”. Y de ahí nace una de sus principales consejos a las nuevas generaciones. “Hacer algo que a uno le guste, que la haga feliz”.
Una búsqueda que es personal y que no tiene que responder a lo que otros esperan. “Lo importante es ser consistente con lo que a uno le apasiona y en lo que uno cree que puede aportar. No hay aportes más o menos relevantes. Puedes estar en un ministerio, en un hogar de ancianos, en una consulta, etc. Si a ti te hace feliz y te impulsa a hacerlo mejor día a día, de seguro vas a impactar positivamente”.
Aprender a valorar la capacidad de decir “me equivoqué” es otro de los consejos que quiso transmitir a quienes egresaron este año en su ceremonia de graduación. “Ese reconocimiento te permite avanzar. Esa flexibilidad de permitirse cambiar el rumbo. Sobre todo en un mundo cambiante como el que vivimos en la actualidad”, finaliza.