Ampliando miradas sobre el futuro laboral: experiencias de la Comunidad EPUC en el Programa de Mentorías UC

6 de Marzo 2026

Egresados y estudiantes de la Escuela de Psicología UC comparten lo que fue su paso por el programa, cuyo objetivo es resolver dudas sobre el proceso de inserción al trabajo y el desarrollo laboral en general. La instancia, además de gratificante, representa un enorme aporte al proceso formativo, aseguran.

Cierre del Programa de Mentorías Escuela de Psicología UC. Noviembre de 2025.

En la vida no siempre tenemos la posibilidad de que alguien más experimentado nos oriente y entregue nuevas perspectivas en torno a lo que buscamos. En la etapa universitaria, cuando recién comenzamos a construir nuestra identidad profesional, las dudas sobre el futuro y las posibilidades laborales se acrecientan. Por lo mismo, en la Universidad Católica existe el Programa de Mentorías, iniciativa del Centro de Desarrollo Profesional que permite conectar a estudiantes con profesionales voluntarios y con experiencia laboral, para resolver dudas sobre el proceso de inserción al trabajo y el desarrollo profesional, entre otras interrogantes.

En la Escuela de Psicología UC, tanto mentores como estudiantes han dado cuenta de los beneficios del programa. “Fue una experiencia muy entretenida. Considero que con mi compañera de mentoría y mentora se formó un espacio de conversación muy cómodo. El hecho de vincularme con una psicóloga egresada fue tranquilizador, pues tenía a alguien con toda la disposición para responder mis dudas respecto al campo laboral de la psicología”, cuenta la estudiante EPUC Valentina González.

“Lo que más destaco de mi experiencia es justamente el vínculo que se forjó con mi mentora, pues considero que las dudas vocacionales pueden surgir todo el tiempo y contar con alguien que tiene más experiencia y ha pasado por eso es muy valioso. Ella dejó las puertas abiertas para seguir en contacto y hemos vuelto a hablar. Relaciones como esa fueron producto de la mentoría y estoy muy agradecida”, agrega la futura psicóloga.

Una “muy valiosa” experiencia que le permitió a Valentina ampliar su mirada en torno a las trayectorias de los psicólogos y la movilidad a la que están expuestos. “Antes de la mentoría creía que cuando uno elegía su salida profesional, debía trabajar en ella para siempre. Eso me llevó a creer que mi futuro profesional tenía que girar sólo en torno a un área de la psicología. Sin embargo, gracias a la mentoría puede entender que la psicología es flexible y que, como psicólogo, uno puede cambiar de área e intereses profesionales. Ahora imagino mi futuro profesional con menos presión, ya que sé que es posible el cambio y que la psicología es una disciplina que implica un constante redescubrimiento sobre uno mismo”, plantea.

Para la estudiante Macarena Estay, participar del Programa de Mentorías “fue una experiencia muy enriquecedora y significativa”. “Me permitió ampliar mi mirada sobre el mundo profesional y acercarme a dimensiones que hasta ese momento me eran lejanas o no me había cuestionado”, cuenta.

“El programa tiene una estructura sugerida muy completa, clara y flexible, lo que hace que las mentorías avancen de forma muy fluida y natural. En las reuniones conversamos sobre nuestros intereses y proyecciones profesionales, pero también sobre expectativas, habilidades, aptitudes e, incluso, miedos e inseguridades”, detalla.

Tal como Valentina, Macarena piensa que contar con un psicólogo con experiencia laboral permite “comprender que no existe un camino único y que una puede ir construyendo su trayectoria”.

En ese sentido, agradece el rol ejercido por su mentor Pablo González, quien, dice, logró crear un entorno seguro donde abordar las diversas dimensiones del desarrollo personal y profesional. “Pablo siempre estuvo muy disponible, dándose el tiempo necesario para escucharnos sin apuros ni juicios, lo que hizo que los encuentros no se sintieran como una instancia de formalidad, sino como una conversación profunda y amistosa”, comenta.

“Conocer profesionales que ya están ejerciendo, preguntar sin miedo, ser curiosos y escuchar trayectorias reales es uno de los aprendizajes más valiosos que me llevo del programa. Te ayuda a aterrizar expectativas y entender que ningún camino fue perfecto ni lineal, y que eso no los hace menos satisfactorios”, cierra.

DEVOLVER LO RECIBIDO

Pero los estudiantes no son los únicos que celebran la existencia del programa. Los mentores, que prestan conocimiento y experiencia para guiar a futuros colegas, coinciden en lo positivo de la interacción y su aporte al proceso formativo.

“Fue muy gratificante y significativo. Sentí que era una forma concreta de devolver un poco de todo lo que la universidad me entregó, acompañando a estudiantes que hoy están atravesando dudas y miedos muy similares a los que yo tuve en esa etapa. Creo que fue una experiencia de crecimiento mutuo, tanto para ellas como para mí”, plantea la mentora Claudia Véliz.

“Lo más enriquecedor fue el espacio de confianza y vulnerabilidad que se generó. Pudimos compartir experiencias reales, miedos, expectativas y también frustraciones: lo lindo y lo difícil de buscar trabajo, de estar en un empleo, de enfrentar desafíos laborales y, a la vez, los temores propios de estar por egresar y tener que tomar decisiones importantes sobre el futuro. Ese intercambio honesto, sin idealizar los procesos, fue muy valioso y creo que permitió un acompañamiento mucho más auténtico”, destaca la psicóloga, cuya mentoría abordó cómo construir un camino profesional que integre con éxito distintas áreas complementarias.

Según cuenta, su enfoque “fue especialmente relevante porque las estudiantes estaban en proceso de conocer y elegir su salida profesional, decisión que se vive como algo muy definitivo, por lo que mostrarles que es posible diversificar y no ‘casarse’ con una sola área fue muy liberador”.

“En el feedback que recibí por parte de una de mis mentoreadas, ella destacó como aprendizaje relevante el haber comprendido que la formación profesional no se limita únicamente a las clases, sino que implica seguir buscando activamente espacios de aprendizaje a lo largo del tiempo. También mencionó que entender la flexibilidad del campo de la psicología y la posibilidad de cambiar de área le entregó mucha más tranquilidad frente a las decisiones que debe tomar en esta etapa”, relata sobre el impacto de su mentoría.

Pablo Cárcamo, por su parte, destaca del estado intermedio de la experiencia, pues el rol ejercido, dice, no es ni docente ni estudiantil. “Eso me permitió conocer la vivencia subjetiva de las estudiantes acerca de su proceso formativo y también poder orientarlas en relación con sus preocupaciones e inquietudes acerca de la salida al mundo profesional”, asegura.

“Me pareció significativo poder transmitir mi experiencia del campo laboral como una trayectoria que se va desarrollando en el camino. O sea, que si bien puede ser útil y necesario tener algunos lineamientos acerca de los propios intereses, necesidades y posibilidades, también es importante contar con que muchas veces no es útil ni posible tenerla tan definida a priori, y mantener un margen de apertura y flexibilidad hacia los entusiasmos que se pueden ir despertando a partir del ejercicio profesional y del conocimiento más amplio del campo de acción. Es decir, que no es necesario saberlo todo de antemano, y que si bien es útil tener un mapa, el mapa no es el territorio”, enfatiza.

“Creo que el valor en este sentido surge de que sea un espacio abierto y que sepa suscitar confianza y apertura en quienes participan. Que los mentorizados sientan que es un espacio en el que son protagonistas, y que sus dudas son importantes porque, justamente, de eso se trata la mentoría: de poder alojar sus dudas y, a la vez, poder darle valor y visibilidad a lo que ya saben y a lo que intuyen acerca de sí mismas y sus anhelos”, cierra.

Quienes quieran conocer más del Programa de Mentorías UC o participar del mismo, pueden revisar más información aquí.