Académicos EPUC destacan la inclusión del arte en la práctica psicoterapéutica en importante congreso en España

En la ciudad de Granada, Carmen Olivari, Germán Morales, Claudia Cerfogli y María de los Ángeles Herane presentaron distintas experiencias en las que el uso de expresiones artísticas impactó positivamente en terapeutas y pacientes.

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Cuatro ponencias que abordaron el impacto de la práctica artística en diversas intervenciones clínicas y psicoterapéuticas con niñas, niños, jóvenes y adultos presentó un grupo de académicos de la EPUC en el X Congreso Iberoamericano de Psicología Clínica y de la Salud, llevado a cabo en Granada, España. Las exposiciones, agrupadas en el simposio «Arte y juego para el bienestar: un enfoque clínico desde lo narrativo», son fruto de un trabajo colectivo de 25 años que ha resultado en la creación de diversos programas de formación de psicólogos clínicos, líneas de desarrollo y de perfeccionamiento como terapeutas.

En ese marco, los profesores del Diplomado en Psicoterapia Infanto Juvenil, Carmen Olivari, Germán Morales, Claudia Cerfogli y María de los Ángeles Herane, dieron cuenta de experiencias vinculadas a la utilización de técnicas dramáticas y/o artísticas que favorecieron los procesos de transformación hacia el bienestar en distintos ámbitos clínicos y formativos, demostrando, en términos prácticos, cómo el uso de elementos artísticos como el dibujo, el trabajo con arcilla u otros como imágenes, cuentos y juegos propicia el desarrollo de diversas competencias y habilidades que impactan en el empoderamiento y el autoconocimiento, mejorando la satisfacción personal y social.

La primera ponencia estuvo a cargo de la profesora Carmen Olivari, quien presentó “Uso de la alfarería artística antigua con personas con Síndrome de Down, co-construyendo un relato inclusivo y equitativo”, donde abordó cómo esta práctica artística, combinada con un enfoque interdisciplinario, fomenta el desarrollo personal, la creatividad y la autoeficacia en personas con esta condición.

Según la profesora, se trata de “una entrada novedosa y culturalmente competente en la promoción de la inclusión de personas históricamente excluidas”, siendo “un nicho adecuado para que un grupo de personas y sus cuidadores, a través de una experiencia de talleres, se reconozcan como valiosos y potencien su desarrollo explorando habilidades que les facilitan una mejor calidad de vida”.

La presentación ofreció un espacio para la reflexión en torno a la importancia de los buenos tratos y la afectividad, dando luces sobre cómo el contexto de interacción es indispensable para que personas con síndrome de Down continúen adquiriendo habilidades centrales en la llamada Competencia Adaptativa, promoviendo ser agentes de sus vidas y participando de un proceso social inclusivo, comenta la académica.

“Después de dos años de talleres a través de este proyecto, en diversos grados, cada participante mejoró su capacidad de focalización, disminuyó la impulsividad, desarrolló habilidades de secuenciación, planificación, comprensión y expresión verbal, aumentó su vocabulario, seguridad en sus recursos, autoestima y autonomía. Es decir, su competencia social se vio beneficiada”, cuenta la profesora Carmen Olivari sobre los beneficios del trabajo artístico en este grupo, iniciativa surgida de la motivación de la maestra alfarera Thiare Ávila, quien propuso trabajar con la agrupación Down Villarrica, dándole un sentido social a esta disciplina.

La arcilla, como dice otro miembro del equipo, es un material noble, plástico y amable para ellos. Se trabaja directo con las manos, estimula sentidos, tacto, la visión, la postura corporal y la percepción de la forma y el color. El aprendizaje se realiza mirando, se reduce la exigencia verbal. Implica un proceso largo y pausado, desde conocer la greda en bruto hasta darle forma incorporando diversas técnicas. Esa forma tiene una funcionalidad: ellos y ellas crean vajillas, utensilios de cocina como fuentes, ollas o bandejas. Este proceso permite respetar diferencias individuales del participante y, a la vez, otorga un espacio de creación y trabajo colectivo. Además, este material está en la cultura mapuche local, enraizada por siglos, por lo que es familiar y cercana.

Combatir la “radioactividad de la violencia”

Más adelante, fue el turno del profesor Germán Morales, con su presentación titulada “Técnicas dramáticas y/o artísticas en grupos de profesionales que trabajan con el sufrimiento humano”, donde abordó el uso de herramientas vinculadas al ámbito artístico para disminuir el desgaste emocional y favorecer el cuidado de profesionales que trabajan con el sufrimiento humano, como maltrato, abuso, tortura y violación de derechos humanos.

En ese contexto, el académico enfatizó en la necesidad de contar con guías de autocuidado y estrategias colectivas para prevenir el desgaste emocional de quienes sufren con la “radioactividad de la violencia”, concepto que hace alusión al riesgo y la contaminación a la que se exponen quienes, en su rol terapéutico, deben lidiar también con los profundos dolores emocionales de las personas que han sido víctimas  de  violencia y el abuso.

Para combatir esta angustia, el profesor Morales ilustra las estrategias lúdico grupales, con dos técnicas dramáticas y/o artísticas destinadas a abordar el autocuidado y fortalecer a los equipos que enfrentan esta situación: el “binomio fantástico”, que permite a los participantes construir memorias metafóricas para reflexionar sobre el desgaste emocional, y la “receta del autocuidado”, que ayuda a la identificación de recursos individuales y colectivos para enfrentar el estrés.

El primero consiste en construir una historia con palabras asociadas, por ejemplo, al desgaste y autocuidado; el segundo, en tanto, consiste en construir recetas metafóricas sobre autocuidado y bienestar, y desgaste y riesgo.

“El principal desafío es darle un lugar primordial al impacto emocional de quienes trabajan con el sufrimiento humano”, destaca el académico, quien también lidera el equipo docente del Diplomado en Trauma y duelo desde una perspectiva subjetiva y relacional, programa que aborda algunas de estas técnicas. “Se utilizan y enseñan algunas de estas técnicas de modo didáctico, para que quienes participan del diplomado puedan tener la experiencia y se constituyan en herramientas para su trabajo psicoterapéutico, poniendo énfasis en la potencia de ellas para la simbolización de los procesos traumáticos y el valor de los ritos para los procesos de duelo”, detalla.

Cuentos para la autoexploración

La tercera ponencia, a cargo de la académica Claudia Cerfogli, exploró el uso de narrativas infantiles como herramienta para la autoexploración, el manejo emocional y el desarrollo de relaciones interpersonales en dos contextos: un curso de formación universitaria para explorar temas identitarios y de bienestar, y un programa de formación para psicoterapeutas enfocado en sus recursos y motivaciones profesionales.

En su presentación “El cuento infantil como narrativa articuladora de los recursos y la autoexploración”, la profesora y jefa del Magíster en Psicología Clínica abordó la utilización de cuentos y leyendas para promover la integración autobiográfica del pasado, presente y futuro, propiciando un efecto terapéutico que contribuye a la construcción de la realidad personal mediante un diálogo interno e interpersonal.

Según dice, la metodología combina recursos artísticos y narrativos para despertar recuerdos de etapas infantiles que resuenan a lo largo de la vida, activando la mente y fortaleciendo el bienestar. “Se les solicita a los participantes identificar algún cuento  o historia de su infancia  que resultaron significativas, mediatizando la exploración con recursos artísticos y narrativos dentro de una actividad en el presente y en un formato grupal”, comenta la académica. De esta forma, se trabajan los contenidos de los cuentos y cómo estos se relacionan con los valores y motivaciones, propiciando un diálogo interno e interpersonal.

Autocuidado en favor del quehacer terapéutico

Finalmente, la académica y Coordinadora de Asuntos Estudiantiles de la EPUC, María de los Ángeles Herane, dio a conocer la experiencia del taller “La persona del terapeuta”, curso parte del Diplomado en Psicoterapia Infanto Juvenil que busca potenciar el desarrollo personal y el autocuidado de los terapeutas que trabajan con niños y adolescentes a través de actividades artísticas y juegos.

En su presentación, la profesora dio cuenta del trabajo realizado en la instancia formativa, que permite a los estudiantes construir una buena relación con los pacientes, mejorar los resultados terapéuticos y promover el autocuidado del profesional, a través de un acercamiento auténtico a la propia historia personal, sus fortalezas y áreas de mejora.

“Los participantes del taller reflexionan sobre su propia historia, creencias y emociones, lo que les permite tomar conciencia de cómo estos aspectos pueden influir en su práctica profesional. Esta reflexión les ayuda a identificar posibles sesgos que podrían afectar su relación con los pacientes. Como resultado, el terapeuta logra una mayor claridad sobre sus pensamientos y sentimientos, lo que le permite decidir cómo integrar estos elementos de manera positiva en el encuentro terapéutico. Esto favorece la construcción de la alianza terapéutica, el avance de los procesos terapéuticos y el autocuidado continuo del profesional”, explica.

“Al finalizar el taller, he observado que los participantes han adquirido una mayor conciencia sobre quiénes son como terapeutas, qué aspectos desean mejorar y cuáles quieren potenciar. Ahora, los terapeutas tienen una comprensión más clara de cómo su historia personal ha influido tanto en su vida cotidiana como en su práctica profesional. Además, toman decisiones más conscientes sobre qué influencias desean conservar y cuáles prefieren dejar atrás, lo que les ha permitido alcanzar una mayor claridad, seguridad y tranquilidad respecto a su identidad como terapeuta”, finaliza la académica.

Texto: Nicolás Pérez Lozano, Comunicaciones Psicología UC

Fecha: 11/12/2024